domingo, 27 de diciembre de 2020

Homenaje al Dr. Oscar Paladines Vallazza

 

Homenaje al Dr. Oscar Paladines Vallazza

Por Oscar Paladines Muñoz.

El 21 de diciembre 2020.

 

Nacido en Santiago de Chile el 18 de mayo de 1945, desde pequeño siempre supo que quería dedicarse a la Medicina, siguiendo los pasos de su padre.  El “Dr. Paladines”, como todos le decían de cariño, fue un humanista en todo el sentido de la palabra, dedicado en cuerpo y espíritu al cuidado de la salud de los necesitados.

En el año 1979 obtuvo su especialización en Cirugía y Gineco-Obstetricia en la Universidad de Chile. El Dr. Paladines perteneció a la época dorada de la medicina ecuatoriana, de grandes mentes, estudiosos y científicos; una época en la que la clínica no necesitaba de máquinas, imágenes, ni pruebas complejas. Trabajó 35 años continuos en el dispensario 31 del IESS y paralelamente atendía en su consultorio ubicado en la clínica Alcívar, de la cual su padre fue el fundador y hoy, después de más de ocho décadas, sigue siendo la más grande e importante de Guayaquil.

Cómo médico, fue apasionado, el mejor clínico: con sólo una mirada ya conocía el diagnóstico. Sus jornadas llegaban a ser de 16 horas, muchas veces no alcanzaba a llevar a sus niños a la escuela luego de una madrugada de parto o no los podía dejar en las clases de deportes por las tardes porque lo esperaban sus enfermos.

Fue un hombre justo, jamás abusó de los recursos de nadie, pudientes o pobres siempre eran tratados con la mejor calidad humana y científica. Fue honesto e íntegro, jamás tomó ventajas de los cargos que ostentó.

Hombre sabio, cauto en sus palabras, amable, empático con todos. Cuando tenía la oportunidad de ayudar, no le importaba incluso pagar las clínicas de sus pacientes o darles a sus arrendatarios, en las propiedades que alquilaba, casi sin costo la mensualidad y perdonar cánones a los que necesitaban. Siempre hizo oídos sordos a los que les decían que “no pierdas, no es tu problema”, respondiendo “la gente no tiene…”.

Cómo no rendir un homenaje justo a quién vivió para curar a miles de enfermos, que logró la fertilidad de cientos de mujeres ya defraudadas, quienes le agradecían poniéndole su nombre a los recién nacidos.

A pesar de que tal vez más de la mitad de sus consultas no eran pagadas gracias a su solidaridad, siempre tuvo abundancia. Porque el que obra bien, le va bien.

Mi padre no ha muerto, el vivirá a través de sus hijos cada vez que tengan un acto de honestidad, de responsabilidad y de amor al prójimo.

Hasta siempre buen hombre, eres un orgullo y vivirás en el corazón de todas las personas que sanaste y te recuerdan con respeto y cariño.